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日志


EL VIAJE A LA LUNA

LO ÚLTIMO DEL CUADERNO AZUL:
Veníamos de recoger hojas, volvíamos a su casa. Los dos cogidos de la mano, bailando mientras yo cantaba “tengo tu amooooooor”...

EL CUENTO DE LA NIÑA Y EL GIGANTE

 

DEL CUADERNO AZUL

Perdóneme el lector de esta historia si en algún momento soy imprecisa en los datos: hay cosas difíciles de recordar, no por perdidas sino por misteriosas… Hace poco tiempo, en un reino cercano, había una niña morena en busca de un fantasma. ...

 

http://manicaldito.wordpress.com/2008/11/11/el-cuento-de-la-nina-y-el-gigante/

La fuerza del viento

 
El viento consiguió arrancarme recuerdos enterrados. Los revolvió con las hojas, con mis rizos...
Están frente a mí, desordenados,
 y me toca encajarlos para ver el mensaje que el cielo quiere transmitirme.
 

mudanzas

 
Lo malo de las mudanzas es que siempre se me queda olvidado algún trocito de corazón por los rincones.
 
Lo malo de esta en concreto es que no puedo volver por segunda vez a donde hui. Quiero pensar que la tercera vez que me vaya será la definitiva, y que esto es solo momentáneo.
Por si acaso, pido socorro.

De recuerdos olvidados

Mi madre ha utilizado el vocativo "abuela" para llamarme, y me han temblado las telitas del alma, como si fuera un viejo recuerdo, como si ya hubiera oído en su voz ese nombre para mí

de teléfonos

 
Apretar el botón verde.
Oír tu voz, que ya la había olvidado.
Se produce una explosión y una implosión, ambas simultáneas, una se expande por mi piel, erizándola; la otra por mis terminaciones nerviosas, conectando recuerdos, haciendo posible que también te huela, que sienta en mis yemas tu tacto, que aparezca más nítida tu mirada.
Y flotan por mi casa tus gestos, acompañando las palabras que salen del teléfono. Vuelan tus risas, tus intenciones, penetrándome y escondiéndose por todos las esquinas de esta habitación en la que quiero que entres, que descanses.

piruleta

 
 
Lentamente, con mi lengua, desharé tu corazón.
 
 

y tú, si tienes fe, arródillate

 
 
Volví a soñarlo.
Estaba perdida, entraba en tu parroquia, a hablar con Dios sobre ti, sobre mí, sobre él. Se acercaba a mi lado y me pedía perdón. Se sentaba junto a mí, con una cercanía tal que parecía que estuviéramos desnudos, como si acabáramos de hacer el amor.
 
Esta vez, recuerdo mejor el diálogo. La gente no entiende que aunque solo hable yo, cuando lo hago con Él no estoy sola, que utiliza un lenguaje sin palabras y sin gramática, con otro ritmo...
 
El cielo estaba violeta y yo vestida de melancolía; la iglesia vacía, fría, a oscuras, solo algunas velas tiritaban en los rincones. Entrar allí... para entenderlo tienes que haber sido un hijo pródigo. Hay que haber renunciado al amor más grande, hay que haber renegado a la felicidad más pura por egoísmo. Me fui del único verdadero hogar, sin explicaciones, sin volver la cabeza atrás, sin volver a mantener el contacto; incumplí todas las normas, nuestros acuerdos, con rebeldía, con ira, sin un motivo real, como una rabieta de niño pequeño, como una revolución adolescente. Hice todo lo que le juré no hacer, lo que sabía que le dolería. Puede que fuera porque me sentía indigna y quería que Él también me viera así. Y después de recorrer el mundo, de gastar los dones, cuando me quedé vacía, totalmente hueca, es cuando pude ver con claridad, que el amor verdadero lo tuve siempre, era mío, totalmente mío y lo descuidé, lo destrocé, lo perdí. Y en medio de esa certeza supe que solo encontraría consuelo de nuevo entre sus brazos, pero la vergüenza me impedía entrar, pisar suelo sagrado, allanar su morada.
 
 
"Padre, pequé contra el cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Eso es lo que repetimos los hijos pródigos, con la cabeza agachada y muertos de vergüenza, de necesidad, de miedo, de hambre. Recordamos el dolor, cada pérdida, cada vértigo; lo repetimos como excusa, como letanía, sabiendo que no podemos justificar nuestra traición, el pecado. El pecado es renunciar a los sueños.
 
Desnudar el alma es más duro que arrancarse la piel. La certeza de estar desnuda es más dolorosa que estar en carne viva. No queda nada oculto.
 
Y llegó su respuesta, con su presencia. Era su forma de decirme que si yo era capaz de perdonarlo por amor, Él sería incapaz de ser menos. Y me bañé con lágrimas, me curé hasta los desconchones de carne que había en mi corazón... los pedazos que había arrojado en su ausencia. Un llanto cálido y lento que me cubrió entera, como un abrazo de mar, ese fue el símbolo de nuestra nueva alianza, de nuestro nuevo comienzo, como el arcoiris tras el diluvio.

de maletas desordenadas

 
El aire me olía ayer a infancia, a viejas promesas llenas de polvo que de repente alguien sacó del sótano y que ahora brillan de sol.
 
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uno de tantos miedos

Ahora mismo tengo mucho miedo. Llevo toda la semana planeando impaciente el viaje de hoy. Algo más de dos horas, un poco de jaleo al entrar en la capital, una reunión de conocidos queriendo conocerse mejor, una cena, una fiesta... No tiene importancia, tiene buena pinta, será divertido, algo más que contarle a los nietos.

Pero tengo miedo, miedo como si tuviera 17 años y me fuera a estudiar a una ciudad desconocida, donde no tengo a nadie, donde empezar de cero, donde todo es posible porque no hay antecedentes; miedo como cuando llega esa noche que sabes que va a ser la primera y el mundo te envuelve de señales que te gritan que no, que te susurran que sí; miedo como cuando tienes que llamar a tus padres y decirles que has tenido un accidente de coche, que estás en otra comunidad, que no estás sola, que el coche está destrozado y tú viva por fuera y muerta por dentro. Tengo el miedo de quien decide en su vida. Tengo el miedo de quien sabe que es un mero testigo de lo que sucede en su vida. Miedo de perder, de ganar, de quedarme como estoy. Miedo de coger el coche en cinco horas y miedo de quedarme en la seguridad de mi casa. Miedo. Miedo. Miedo...

procuro olvidarte

No soy capaz de curarme de tu recuerdo.
Me asaltan sin avisar los besos que me diste, las caricias de tu piel.
Cada rincón guarda una sombra de tu voz, un eco de la luz de tus ojos.
Necesito curarme.

^^ tu lamparita

He leído en las piedras y en las hojas que la oscuridad se cierne sobre ti.
Yo seré tu lamparita: disiparé las tinieblas,
espantaré a los demonios del miedo y la desesperación,
te calentaré los labios y las manos.
Te haré reír como un niño que tira barquitos de luz al río en San Juan,
que juega en el agua en verano.

huesos rotos

Me huele la mano a huesos rotos, a miedo, a dolor... Es curioso cómo soy capaz de percibir los olores y memorizarlos. Éste estará siempre asociado a la valentía de un niño de trece años, al que solo le ha llorado la piel, emperlada de sudor frío.

Era...

Era fácil amarte cuando me perdía en el horizonte de dehesas de tus ojos.
Era fácil cuando oía el calor de tu voz en mi cuello, cuando tus manos me enseñaban los rincones de mi cuerpo.
Era sencillo, de sentido común, era necesario. Amarte era hacer fluir mi sangre, era respirar.
Lo difícil es hoy, cuando tengo que recordarte para verte.

una definición

tu amante: yo soy la que te ama, cualquier día, todas las noches y mañanas

y el amor se hizo verbo...

Llegó. Se acercó. Me dijo al oído, con el susurro de su voz abrazándome: "Yo haré que tu padre recuerde lo maravillosa que eres; no es que no te quiera, es que lo olvidó..."

De enfermedades crónicas del alma

Hay heridas que las cura el tiempo, otras se cronifican, se fosilizan, se tatúan en el hueso, como la huella que dejaron los sueños que soñé contigo...

Amor ilegal

Querías marcarme. Lo lograste.
Quiero amarte. No me dejas.
La única solución que me queda es aprender a besar tu sello a través de otros labios, aunque no sean los tuyos. Al principio me dolerá tanto como arrancar la piel quemada para desinfectar la carne. Al principio lloraré al entender que no son tus besos, tu boca, tu piel.
Y acariciaré por siempre la cicatriz en mi alma, en la que se lee tu nombre, la que grabaste con tu amor secreto y clandestino, ilegal... Tejeré y destejeré sueños de mi vida contigo, por si un día decides venir al tálamo que bendije con mi sangre, que construimos con nuestro abrazo.

Ya no sé qué hacer para que te quedes.

Soy como Nicolas Rockel: vivo en un mundo de niños, les cuento cuentos de hadas, les ayudo a buscarlas en los bosques, en los ríos...
Encontré al amor de mi vida, pero el amor de mi vida decidió abandonarme el mismo día que me entregó su corazón. Lo tengo entre mis manos, lo alimento de besos, de sueños. Lo amo con una pasión llena de goces caóticos, con una ternura cuidadosa y protectora, pero no es suficiente y ya no sé qué hacer para que se quede conmigo... Le gustaba más cuando lo que escribía era triste, le gustaba más hacerme el amor después de hacerme llorar, le gustaba más oírme reír después de hacerme el amor, verme sonreir, notar mis gritos en su piel... Le gustaba tanto que le daba miedo. Me perdió por miedo a perderse, me apartó por miedo a que lo apartara.
 
La conclusión de Nicolas: "El amor es más fuerte que la pérdida del amor. Si Ingrid vuelve a mí algún día, ésa es la única lección que quiero recordar de mi descenso a los infiernos (...) - Eres la mujer de mi vida- (...) No me ha oído (...) No importa. Sólo quería decirle que ella nunca será la causa de mi muerte; ahora lo sé. Le sonrío y la atraigo hacia mí (...), la evidencia de nuestro deseo es más fuerte que todos los rechazos que pueda invocar. Nos besamos (...) y le susurro -¿Y si quedamos como buenos amantes?- Ella suspira, me acaricia la mejilla y me dice con ternura que no he entendido nada, que ya está bien así (...)Y yo soy feliz. Y recupero mi fe. Y vuelvo a vivir"*
Lo que piensa Nicolas en los brazos de Ingrid: "Quizás debamos separarnos ahora para algún día volver a unirnos y envejecer juntos; dejar que se apague del todo la llama para más adelante encenderla de nuevo con una leña más combustible, que haya tenido tiempo de secarse lo suficiente"*
Los tres deseos de Raoul: "Uno: crecer. Al menos hasta un metro veintiocho (...). Dos: que mamá no se divorcie y vuelva a querer a papá, como antes. Tres: que papá conozca a otra mujer. Así estarán empatados y mamá podrá seguir con el tío que ha conocido; si no, la cosa no funciona."*
Lo que le dice el Hada a Ingrid: "No se puede tratar así a un hombre que la quiere; ¿Cómo puede expulsarlo de su vida, pedirle que tenga paciencia y darle esperanzas, como quien le da un hueso a un perro? No está bien empujarlo a los brazos de otra para sentirse menos culpable. (...) No sé si ya no le importa o si todavía lo quiere, ¡pero al menos deje de mentirle!"*
La respuesta de Ingrid: "Me he enamorado perdidamente del hombre en el que se ha convertido desde que le hago sufrir. Es a él a quien quiero."*
 
*de La eduación de un hada, Didier van Cauwelaert.
 

Solo

Solo conozco un rincón de tu cara y una esquina de tu alma, aquella en la que se cruzan nuestros caminos.