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mudanzasLo malo de las mudanzas es que siempre se me queda olvidado algún trocito de corazón por los rincones.
Lo malo de esta en concreto es que no puedo volver por segunda vez a donde hui. Quiero pensar que la tercera vez que me vaya será la definitiva, y que esto es solo momentáneo.
Por si acaso, pido socorro. De recuerdos olvidadosMi madre ha utilizado el vocativo "abuela" para llamarme, y me han temblado las telitas del alma, como si fuera un viejo recuerdo, como si ya hubiera oído en su voz ese nombre para mí de teléfonosApretar el botón verde.
Oír tu voz, que ya la había olvidado.
Se produce una explosión y una implosión, ambas simultáneas, una se expande por mi piel, erizándola; la otra por mis terminaciones nerviosas, conectando recuerdos, haciendo posible que también te huela, que sienta en mis yemas tu tacto, que aparezca más nítida tu mirada.
Y flotan por mi casa tus gestos, acompañando las palabras que salen del teléfono. Vuelan tus risas, tus intenciones, penetrándome y escondiéndose por todos las esquinas de esta habitación en la que quiero que entres, que descanses. piruletaLentamente, con mi lengua, desharé tu corazón.
y tú, si tienes fe, arródillateVolví a soñarlo.
Estaba perdida, entraba en tu parroquia, a hablar con Dios sobre ti, sobre mí, sobre él. Se acercaba a mi lado y me pedía perdón. Se sentaba junto a mí, con una cercanía tal que parecía que estuviéramos desnudos, como si acabáramos de hacer el amor.
Esta vez, recuerdo mejor el diálogo. La gente no entiende que aunque solo hable yo, cuando lo hago con Él no estoy sola, que utiliza un lenguaje sin palabras y sin gramática, con otro ritmo...
El cielo estaba violeta y yo vestida de melancolía; la iglesia vacía, fría, a oscuras, solo algunas velas tiritaban en los rincones. Entrar allí... para entenderlo tienes que haber sido un hijo pródigo. Hay que haber renunciado al amor más grande, hay que haber renegado a la felicidad más pura por egoísmo. Me fui del único verdadero hogar, sin explicaciones, sin volver la cabeza atrás, sin volver a mantener el contacto; incumplí todas las normas, nuestros acuerdos, con rebeldía, con ira, sin un motivo real, como una rabieta de niño pequeño, como una revolución adolescente. Hice todo lo que le juré no hacer, lo que sabía que le dolería. Puede que fuera porque me sentía indigna y quería que Él también me viera así. Y después de recorrer el mundo, de gastar los dones, cuando me quedé vacía, totalmente hueca, es cuando pude ver con claridad, que el amor verdadero lo tuve siempre, era mío, totalmente mío y lo descuidé, lo destrocé, lo perdí. Y en medio de esa certeza supe que solo encontraría consuelo de nuevo entre sus brazos, pero la vergüenza me impedía entrar, pisar suelo sagrado, allanar su morada.
"Padre, pequé contra el cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Eso es lo que repetimos los hijos pródigos, con la cabeza agachada y muertos de vergüenza, de necesidad, de miedo, de hambre. Recordamos el dolor, cada pérdida, cada vértigo; lo repetimos como excusa, como letanía, sabiendo que no podemos justificar nuestra traición, el pecado. El pecado es renunciar a los sueños.
Desnudar el alma es más duro que arrancarse la piel. La certeza de estar desnuda es más dolorosa que estar en carne viva. No queda nada oculto.
Y llegó su respuesta, con su presencia. Era su forma de decirme que si yo era capaz de perdonarlo por amor, Él sería incapaz de ser menos. Y me bañé con lágrimas, me curé hasta los desconchones de carne que había en mi corazón... los pedazos que había arrojado en su ausencia. Un llanto cálido y lento que me cubrió entera, como un abrazo de mar, ese fue el símbolo de nuestra nueva alianza, de nuestro nuevo comienzo, como el arcoiris tras el diluvio. |
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