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"Algo va a quedar adentro tuyo siempre"Te guardaré junto a mis más valiosos recuerdos, junto al olor de mi madre, las mañanas de Reyes Magos cuando la magia se hacía realidad, junto a la sensación del mar envolviéndome, junto al Señor de los Anillos, la Historia Interminable y el Principito, junto al sabor a helado de morangos, con las carreras cuesta abajo, con mis sueños voladores, con mis hadas, fantasmas y duendes, con los cuentos que me conté de niña y los que aún están por nacer. Te guardaré como a un tesoro: tu nombre está sellado en mi alma con la forma de tus ojos y tu boca, con la habilidad de tus hermosas manos. Así siempre seguirás siendo mío, así siempre podré cuidarte, así siempre me parecerá que estás cerca, así siempre te amaré. No hay nadie imprescindibleNo quería que viniera al monte con ellos, yo le dije que correría peligro igual porque no pensaba quedarme parada y de brazos cruzados sabiendo que ellos pasaban hambre y frío allá arriba. "¡¡Cabezota del demonio!! Contigo no se puede razonar", pero siempre terminaba sonriéndome y a mí me bastaba con eso. Me mandaron ayer aquí, a vuestro pueblo. Necesitan que hagas de correo, Mariana. No llores, mi niña, no llores... Hoy hace dos meses que murió... Debería haber venido antes para estar con vosotras y no llegar para encima venir a pedirte que participes en la causa. Solo tienes que llevar esta carta en los cestos de la verdura cuando comerciéis en la capital. El señor Tomás, el tendero del mercado, ya está sobreaviso. Me queda poco tiempo, Mariana, mi niña... tengo que llegar al campamento antes de que amanezca. Tu hermano, me pidió que viniera a cuidar de vosotras, por eso volví a Extremadura. ¿Sabes qué me dijo mientras moría entre mis brazos? "No llores, tontina, ya sabes lo que dice Mariana: no hay nadie imprescindible. Tendrás hijos que vivirán una nueva República, lograda con la sangre nuestra, la de todos"... Yo no quería separarme de su cuerpo, "Nuestro hijo, Fernando, nuestro hijo vivirá en libertad, gracias a la sangre que derramó su padre"... Sí, Mariana, estoy embarazada de cuatro faltas. Me pidió que si nacía niña la llamara como a vosotras, Mariana, si nacía niño como a Pepe, mi hermano. Yo pensé que ya nada podría moverme de su lado, que moriríamos los tres allí. Necesitaba a tu hermano a mi lado para respirar, para que la vida tuviera sentido. Mariana, sentía como el amor se me escurría a trocitos, con mi corazón hecho pedazos. Seguí llorando en la cuneta del camino, horas y horas después de que su cuerpo ya no tuviera el alma que me enamoró. Me despertaron los de la brigada de Córdoba, me ayudaron a enterrarlo y me llevaron con ellos. Tres meses antes de que cumpla el embarazo me iré a Montehermoso, el párroco es amigo y estaré en contacto con la resistencia de Coria. Volveré, Mariana, con tu sobrino de la mano. Ojalá sea verdad lo que dicen y estén contados los días de ese enano cabrón... Volveré, mi niña, volveré... La sacerdotisa de XochiquétzalXochiquétzal significa flor preciosa, es la diosa de las flores que embellecen la tierra y del amor. Cuando la luna se refleja en su rostro algunos la confunden con Tlazoltélotl, la diosa de la tierra y el sexo, la que se come tus pecados antes de morir para que tu tránsito sea liviano. Cuando el Sol, su padre, la viste, parece una mariposa. Xochiquétzal es la encarnación de la femineidad, la protectora de los amantes.
Mi nombre es Amaranta y soy sarcedotisa de Xochiquétzal. Provengo de tierras incas, nací para mamacuna, es decir virgen del Sol. Me pusieron el nombre de una misteriosa flor de aquellas montañas, que dicen que nunca muere porque nunca se marchita, y que usan los sacerdotes para crear el exquisito jugo que le dan a los soldados antes de las batallas, porque Amaranta en mi lengua materna significa "sin miedo". Cuando llegué a este reino reconocí la flor de mi nombre y como sabía hacer el elixir sagrado de la lucha me escogieron para alentar a los guerreros, por eso dedico mi vida a Xochiquétzal porque ella fue la primera que murió en la guerra.
Nosotras, las sacerdotisas de Xochiquétzal, hacemos con la amaranta una harina fina que mezclamos con miel y sangre de nuestros valientes guerreros y moldeamos las figuras que ofreceremos a los dioses para que protejan a nuestros hombres en la guerra. Cuidamos de ellos ofreciendo nuestros cuerpos para que alcancen la paz antes del combate. Nos engalanamos de fiesta y les ayudamos a transportar su alma hacia el mundo de los dioses para que no sientan miedo a la muerte antes de la batalla.
Yo solo he amado a un guerrero. Mi primer amor. Nos encontramos bajo el árbol de la diosa, el xochitlikakan, dicen aquí que con solo encontrarse bajo su cobijo y tocar sus flores se consigue la felicidad eterna. A siete guerras ha ido y siete veces lo he llevado volando al otro mundo... Aún no ha vuelto de la última batalla y siento un dolor que me nace del pecho y se extiende por mi alma bañándome de tristeza. Le pregunté a la diosa. Me ha dicho que mi corazón se rompe porque está escuchando las hermosas palabras que le dice a otra mujer, sus promesas de fidelidad eterna. El cuento de la pandereta de CalíopeHace mucho tiempo, en un país del este, vivían viajando una pareja de gitanos... Él encontró una vieja pandereta y se la enseñó entusiasmado a su mujer. "Eso es basura, tírala, hombre". Pero él la acarició con dulzura, sonrió y se fue corriendo como un crío. A la orilla del río la limpió, le cambió los platillos por otros nuevos, la decoró con cintas de colores y cascabeles y se la llevó de nuevo. "El hijo que llevas en tus entrañas será una niña, bailará con esta pandereta y así encontrará su destino. Se llamará Calíope, porque cantará a los reyes..." Años después, el rey del reino de Cristal mandó extender un mensaje por todo el mundo: llenaría de gloria y le concedería el deseo que desease a la persona que le devolviera la alegría a su joven hija. La princesa, delicada y fría como el cristal, a veces lloraba y a veces se quedaba con la mirada perdida... el desfile de payasos, bufones, magos, músicos, cantores, poetas y bailarines no lograba iluminar su rostro. La mañana de la noche de San Juan, Calíope llegó descalza y con su pandereta al castillo. Se paró ante los reyes en silencio, con los ojos sonrientes; la princesa miraba hacia un rincón del suelo. Calíope comenzó lentamente a mover la pandereta que se agitaba y bailaba en su mano como la carcajada de un niño. Llenó la sala de rayos de luz y colorines. Al mismo tiempo que Calíope empezó a cantar, la dulce mirada de la princesa se fue elevando hacia la música y el baile de la pandereta. Su boca de fresa se contagió de la melodía y tímidamente fue abriéndose como una rosa. El rey que no dejaba de observar a su hija lloró de dicha. Una risa imperceptible brotaba de su garganta mientras Calíope contaba cuentos envueltos en melodías frescas. "Más" pedía la princesa cada vez que intuía que se acercaba el final y reía abiertamente cuando la gitana agitaba de nuevo la pandereta con un nuevo ritmo. Así fue hasta que la princesita se durmió agotada de felicidad. "Dime, gitana, lo que deseas y será tuyo. Todo lo que pidas se te concederá si te quedas al lado de mi hija" "Yo solo deseo recorrer el mundo en libertad junto a mi pandereta, cantando y bailando cada día como hasta ahora" "¡No puedes irte!¡No te irás!¡No consentiré que mi hija vuelva a ser desdichada!" La princesa despertó con las voces y susurró sonriente "Deja que se marche, padre, yo solo necesito la pandereta para ser feliz" "Pero es lo único que tengo, mi única posesión, mi compañera, mi hogar..." "¡¡Gitana, retírate, la pandereta se queda aquí!!" Llorando, Calíope dejó con ternura su pandereta en el suelo, colocó con cuidado los lazos para que se viera más hermosa. Se marchó, arrastrando el alma tras sus pies. Esa noche, Calíope invocó al fuego: "Devolvedme el amor de su música, la compañía de su baile. Devolvedme mi corazón" Al día siguiente, nerviosa se despertó la princesita de cristal, quería ver relucir en su hermoso baile a la pandereta. "¡¡Que le hagan danzar!!" Y uno tras otro, todos en el reino intentaron hacerla brillar de nuevo... uno tras otro desfilaron payasos, bufones, magos, músicos, cantores, poetas y bailarines y ninguno lograba iluminar de nuevo la sonrisa de la princesa triste. "¡Que traigan a la gitana!" gritó el rey desesperado. Cuando Calíope se presentó ante la corte traía una nueva pandereta en la mano, con platillos blancos como la luna y la piel roja como el fuego. Antes de que el rey hablara, Calíope empezó a golpear con suavidad el instrumento. Temblando, la princesa volvió a sonreír y Calíope paró en seco "Será tuya con dos condiciones: que me devuelvas la mía y que me dejes enseñarte a comunicarte con ellas". El rey se revolvió en su trono "¡Una princesa bailarina!¡Qué barbaridad!" Pero la princesa corrió hacia Calíope con su pandereta en la mano, las intercambiaron y se confundieron las risas de las cuatro. Cuando la princesa aprendió a bailar al ritmo de su nueva amiga y a hacer que su nueva amiga cantara al ritmo de su baile, Calíope se marchó. Cuentan en aquellas tierras que la princesa no volvió a estar triste, cuentan que Calíope y la princesa volvieron a encontrarse y que la ya entonces reina pudo devolverle el don de la dicha a la gitana, pero eso es ya otra historia... que será contada en otro momento... en otro lugar... |
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