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日志


De zapatos mojados y promesas ;)

Tenía los pies empapados de charcos gélidos de Madrid. Quería caminar hacia ti y solo daba rodeos. Paseaba para que pasaran las horas que debían acercarme a tus brazos. La humedad, mientras, me escalaba las piernas.
Simplemente me miraste de lejos, de reojo, y empezó a evaporarse gota a gota la frialdad. Tus caricias hicieron olvidar a mi piel tu ausencia.
Tu boca me prometió que conoces el camino que me llevará a los confines del placer. Y tiemblo de satisfacción, de ansia, de miedo a no ser capaz de soportar el éxtasis que me ofreces... pero como siempre que me haces nadie resucito más hermosa, más suave, más fuerte y amándote más, no podré resistirme y rezaré para que se confirmen tus palabras pronto y podamos traspasar las fronteras del universo y flotar en la cuna de la creación.

Hay días...

Hay días que te siento tan lejos que haría cualquier cosa por encontrarte... por eso... hoy al levantarme, me he cortado los pies con los trozos rotos de mi corazón diseminados por el suelo. Los he recogido llorando, besando los que aún reflejaban tus ojos. Les he pedido perdón y los he acunado hasta que se han hecho barro. Los he comulgado y ahora en vez de latir repiten en eco tu nombre.

El cuento del hada del cuento...

Érase una vez el hada de un cuento que se enamoró del muchacho que leía su historia. Se enamoró porque él era capaz de descubrir los secretos que se escondían en las palabras que describían sus actos, sus rasgos. Se enamoró porque cada vez que el muchacho abría el cuento, todo su mundo de papel se iluminaba y sus ojos se ponían a brillar como el pálido brillo azulado de la luna cuando refleja a su sol. Se enamoró porque, al escuchar sus ocurrencias, la risa le brotaba desde los rincones de su niñez perdida, porque así la recuperaba.
Una noche de enero ella se arriesgó a incumplir las leyes mágicas de la literatura y le susurró palabras que sabían a caramelos de limón. Al principio el muchacho dudaba de que verdaderamente le estuviera hablando, de que fuera real su voz. Poco a poco se fue dejando llevar por el idealismo que aún vivía en él y se permitió el lujo de soñar... Cayó en el embrujo cálido del amor.
"-¿Me quieres? -Sí -Puedo salir del cuento. Si realmente lo deseas, solo tienes que pedirlo en voz alta"
El muchacho sintió miedo: miedo a que fuera del cuento ella cambiara y se convirtiera en una mujer como las otras. Miedo a que descubriera que él no era como había imaginado. Miedo a destrozar su pureza, su alma de hada. Miedo a que se arrepintieran, a que se perdiera la magia entre tanta realidad cruda, a que después no tuviera remedio...
"-Sólo tienes que pedirlo en voz alta y estaré junto a ti. Podré acariciarte, cuidarte, contarte los cuentos que nacieron en el mundo de los sueños. Podré escuchar de tus labios la historia que construyeron los hombres, la belleza que crearon con sus manos. Te puedo conceder lo que desees, solo tienes que pedirlo en voz alta -¿Lo que desee? -Sí -dijo temblando ella...
-Deseo... convertirme en un duende y vivir a tu lado en el mundo de los cuentos."

A veces

A veces, al entrar o circular por la autopista un chasquido me golpea en la mandíbula, como si de nuevo el airbag me abofeteara. Mis sentidos se agudizan, agarro con más seguridad el volante y suelto el acelerador hasta bajar a 120. Me invade el vértigo de la vida al sentirla hirviendo bajo mis pies, y siento miedo, responsabilidad, nostalgia de la seguridad, de la libertad inconsciente de los que no pisaron las fronteras del mundo.

una vez al mes

Una vez al mes me despido de ti. Voy diciéndote adiós, lágrima a lágrima. Voy llorando la esperanza hasta quedarme desnuda, para empezar a amarte desde cero si vuelves a mirarme...

tus besos

Ayer desperté con un beso tuyo descalzo y de puntillas sobre mis labios... Esta noche me desgastaré entre tus brazos.

La niña del vestidito verde

Todo lo que hago no lo hago por ti, lo hago por la niña que fui y que aún vive en mi corazón.
Ella, cuando te oye, te ve, te lee o te siente, empieza a dar saltos y palmaditas y repite a carcajadas tu nombre. La niña de mi corazón te quiere y te pide a Dios cada noche. Y suspira sonriente y orgullosa porque le da igual si los demás no la entienden: ella quiere estar contigo, achucharte, besarte, bailar contigo por la calle y cantar a gritos. Cada vez que lo consigue es tan feliz que me perdona todas las veces que le fallé: contigo no puedo decepcionarla.