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La luna de LegorEn Arakis hay una luna, la luna de Legor. Cuenta la leyenda que si la miras fijamente su luz te ciega y que la única forma de recuperar la vista es peregrinando hacia una ermita perdida en los desiertos de Arana.
Te paraste de noche bajo sus rayos, dejaste que te vistiera su luz. Mirabas hacia tus pies sopesando el riesgo: tener que vagar a ciegas por los temibles desiertos de Arana... pensabas en la recompensa: en poder hablar con tu madre una vez más. Te habían dicho que los muertos se asomaban a la luna de Legor para velarnos. Querías decirle que la amabas, que siempre fue lo más importante de tu vida; que al fin habías comprendido su sacrificio; que nunca dejarías de luchar por ser feliz, porque cada conquista vuestra era un fracaso más para él. Levantaste la cabeza sonriente, lo último que verías antes de la oscuridad sería su rostro. amistad a primera vista...¿Existirán las amistades a primera vista?
Hoy veníamos hablando en el coche Primitivo, Luis y yo sobre las decepciones que las expectativas de la amistad producen.
Hace un rato estaba maldiciendo mi incapacidad de decir que no cuando sé que puedo ayudar a alguien. Y cuando mi nueva compañera de piso salía de casa con las llaves en el bolso me he dicho "Tengo que ordenarle su cuarto..." Me ha caído genial, me he sentido cómoda... Me alegro de poder seguir cantando "Qué más da si al final todo me sale siempre bien del revés" XD
Y ahora es el momento de no crearme expectativas, y si no puedo evitarlo asumir, cuando vengan las decepciones, que tenían que llegar. Yo he empezando poniendo de mi parte y le he dejado ver mi peor cara: el caos. PlasenciaPlasencia nieva hojas rubias, sopla un aire que huele a frío. La gente camina diferente aquí, con otro ritmo imprimido por las cuestas, por las calles de piedra. Paseo sola, observándolo todo, acurrucándome en mi libertad, soñando contigo... de dolores y curacionesAguanto muy bien el dolor. Mi cara no ofrece signos de estar sufriendo. A él no le gustaba que llorásemos. Se ponía peor...
Aprendí a llorar cuando cumplí los dieciocho. Fue como despertar de un profundo sueño. Una noche, vino a desperdirse mi abuelo de mí, recorrió oscuros caminos para venir a decirme adiós. Me bendijo como solo él sabía hacer y me besó. A la mañana siguiente me miré en el espejo y me vi como nunca antes me había visto, desde los ojos de mi abuelo, y lloré. Lloré al llegar a casa, lloré al ver a mi madre, lloré al hablar con mis hermanas y transmitirles sus palabras... Lloré de rabia, de impotencia, de ignorancia, de amor...
Lloré para calmar mi pobre corazón: fui aprendiendo y me fue perdonando por no haberlo escuchado. Y ahora lo dejo que se exprese y nos quejamos juntos, bailamos juntos, reímos juntos... ahora sabemos llorar |
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