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日志


retales de invierno

pensar en ti me acompañó: mi alma te contaba sus fábulas, te explicaba mis recuerdos...
y ahora te necesito como siempre: más que nunca...
sin tu nombre, sin tus manos, me he quedado sin boca, sin piel...
no me has roto el corazón, se ha escondido entre tus huesos...

tercera persona del masculino singular...

Sin darme cuenta se me escapó el amor, desapareció del presente y se escondió en el pasado.
Sin darme cuenta se fue y no volvieron a ser estos besos, se han convertido en aquellos.
Poco a poco voy dejando de escribir y va siendo reemplazado por el pronombre personal sujeto de tercera persona del masculino singular.
Desconfían de mí las palabras que voy escribiendo como si solo fuera capaz de decir la verdad dormida. Y voy despertando de este sueño que caducaba cuando cumpliera veintisiete, aunque hoy por hoy me sigo resistiendo a abrir los ojos.

Mis alitas

Yo tenía alitas de libélula: de colores transparentes como las pompas de jabón y membranas flexibles y brillantes como la purpurina.
Una noche desperté con mis alitas secas y caídas junto a mí: pensé que no podría volver a volar, así que empecé a aprender a caminar.
Y llegaste tú y besaste con tu pecho mi espalda y el calor de tu amor hecho carne me maduró como hace el sol con las crisálidas.
Cuando me quise dar cuenta estaba volando con alitas de mariposa y destellos de plata.
Me miraste admirado y tranquilo, como si siempre hubieras esperado tener un ángel en tu cama.
"Cuando no estés conmigo, caminaré".
Esta noche has debido atravesar en sueños la distancia que nos separa,
porque amanecí en el techo, moviendo sonriente las alas.

Amanecer

Amanecía en el valle. La luz se iba desperezando entre las montañas y se lavaba la cara en el Jerte. Se iban vistiendo de verde los cerezos. Una nube erizaba el lomo contrariada porque la despertó el horizonte. Yo miraba la magia de esta tierra que disfraza a los duendes de gorriones y a las hadas de mariposas y pensaba en ti: Quiero enseñarte los hechizos escritos en las cortezas de estos árboles, quiero enseñarte a rezar con los dedos. Quiero que aprendas a leer en el aire la voz del Sol, el idioma de las estaciones. Quiero que te enamores de esta tierra como el amante que se estrena en el placer y se entrega para conocer cada uno de los secretos del amor. Quiero recorrerla contigo, recorrerte con ella.

Invocación

Invoco a la magia que flota en los rayos de luna
para que ilumine tu sonrisa al mirarme.
Invoco a la magia que cruje con las hojas caídas en otoño
para que conduzcan tus pasos hacia mis caderas.
Invoco a la magia que bucea en los ríos que cruzo a diario
para que nutran tu recuerdo y no me olvides.
Invoco al amor,
para que cuando nos encontremos nos bendiga
y no tengamos miedo de bailar el ritmo que mueve el mundo.

Té rojo con lima

Fue un sábado de febrero, estaba nublado, íbamos de tiendas por Chueca... Entramos en una tetería, probamos los que había de muestra y me enamoré del sabor, del olor de este, porque manifestaba lo que yo estaba empezando a sentir: una felicidad libre, ácida y amarga. Me compré un paquetito que he ido reservando y saboreando a sorbitos.
Tengo la estúpida sensación de que cuando lo termine se diluirán aquella mañana, nuestras miradas, nuestras caricias furtivas y disimuladas, que os convertiréis en la sombra de la luz para el resto de mi vida de manera irremediable. Así que me bebo poco a poco los recuerdos, con lágrimas que saben a duelo del alma.

Contagio

Desde que mi boca aceptó que no volverá a besarte, la inspiración se contagió y anda vagando huyéndome, busca otro amanecer mientras se esconde de los que encuentra.