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日志


sentimientos de muñeca

 
Soy una muñeca infantil y tenebrosa, inocente y salvaje, que se cree capaz de todo y a la que le paraliza el miedo, que tiembla ante el amor y se encara con la muerte, vergonzosa y escandalosa a partes iguales, que tarda en confiar y no necesita perdonar porque le dura un enfado lo que dura un parpadeo. Me he convertido en la mujer que proyectaba ser a través de mis muñecas, parece que funcionó el vudú.

Aquí no podemos hacerlo

La magia de las relaciones prohibidas es que desarrollan nuestro instinto de rebeldía, de resistencia, de lucha.
Existen varias opciones: continuarlas de manera clandestina o fumarte beso a beso los adioses.
Me quedan apenas dos espirales de humo para despedirme de ti hasta otra vida.
La razón: me matas los recuerdos que tú eliges, no los que yo quiero borrar.
Me llevo tu sabor, tus cosquillas a flor de piel, el rojo con el que teñías mis ojitos tristes.
Echaré de menos el sonido de las pisadas de las hormigas, el de tu piel al quemarse, el de mi corazón cuando te dejaba fluir en mí con cada latido...
Adiós, morena. ^^ Gracias por las risas y por enseñarme a leer con la luz de tu fuego los arcanos del mundo y de los reyes antiguos.

en el fondo

He perdido la cuenta de las veces que he tocado fondo en mi vida. Lo bueno de esas situaciones era que solo podía subir.
Esta vez me he quedado paseando en el fondo, en estado de espera, huyendo de algo, escondiéndome de lo que me empujó a estas profundidades.
Me da miedo empezar a comenzar la escalada, por lo que pueda perder: tu mirada que quería protegerme del dolor y la desilusión del mundo; tu cuerpo que me enseñó un nuevo idioma; tu boca, que le hablaba a mi alma cuando entraba en tus entrañas...
Si pudiera caminar junto a ti, hace tiempo que hubiera abandonado las tinieblas de estos lares. Y no está en tu mano ayudarme,
a no ser que pudieras caminar junto a mí...
 

Luna Moneda de Plata

sms desde Badajoz: "mira la luna que está preciosa"
 
Está la terraza blanca. La luna arriba en el cielo, inmensa, redonda, luminosa, perfecta... parece una moneda de plata caída en una fuente a las doce de una tarde de agosto. Ayer la vi y pensé en él... hoy he sido egoísta: he dejado que me bañara, a mí, solo para mí... He dejado que me cure.
 
Sal a la noche y deja que te vista su luz...

Consuelo

Es complicado entender a la vida y perdonar a la muerte. El consuelo radica a veces en creer que lo que le espera al que nos deja es mejor.
Mi consuelo siempre fue imaginarme a la muerte como una madre yerma que cuida de nosotros protegiéndonos, acunándonos en el nuevo viaje, consolándonos por lo que dejamos atrás, mostrándonos el sendero que comienza en sus brazos.
 
Paz y luz en tu nuevo camino.

Inevitable

A veces la memoria me traiciona y me trae tu olor y tu sabor,
o la luz de tus ojos que era como el sol de marzo sobre encinas limpiadas con rocío.
 
Fuiste prorrogándome hasta lo inevitable,
"aún queda tiempo" te decías, "más adelante".
Pero lo inevitable es mañana, esta madrugada,
antes de lo que yo misma quisiera admitir.
Cuando ocurra se me romperá el hilo que te ataba a mi alma. 
Como era un hilo hecho de mis sueños, de mi esencia,
como estaba vivo, morirá,
y me sangrará la boca, que era por donde vibraba, por donde me alimentaba de ti, por donde te respiraba.
Cuando ocurra se me anochecerá la mirada,
algún lucero quedará asomándose a sus profundidades,
por si un día vuelvo a verte, para reconocerte.
Puede que si entonces el mundo te ha cambiado no renazca este fuego,
que vigilaré, pero sin darle pábulo.
 
Ojalá nunca cambies.

Bioluminiscencia

 
Para volar necesito tus manos en mis caderas, para que me empujen, para coger impulso.
Cuando echo de menos pasear por el aire, solo tengo que cerrar los ojos y recordarte.
Después, se me queda un olor a incienso y a opio en los dedos;
sonrío como una niña mala que ha escapado de un castigo
y te mando un beso tilitante y revoltoso que va dejando un rastro de luz,
como una luciérnaga traviesa que coquetea con una estrellita joven y fugaz en una noche de verano.

Cascabeles

Regálame cascabelitos de plata, para que cuando camine brillen en tus oídos mis pasos, como estrellas con cosquillas.

Mi niña está en la más alta torre

La encerré en la más alta torre del más alto castillo de la más alta montaña. Ordené al más fiero de los dragones que la custodiara. Se pasaba todo el día hablándome de él, recordándolo, reproduciendo sus palabras, sus sueños y no podía soportarlo más, por eso lo hice.
No era la primera vez que lo hacía: la otra la tuve encerrada en la más profunda mazmorra de la mina más oscura del abismo más vertiginoso, porque se pasaba todo el día hablándome de él, de cómo sería la primera vez que nuestros ojos se reconocieran, nuestros labios se rozaran y no podía soportarlo más, por eso lo hice.
Poco a poco fue encontrando la manera de escalar, de hacerse un hueco, de quedarse en silencio a mi lado, hasta que lo vimos y se volvió loca como un niño la mañana de Reyes Magos.
La tengo en la torre desde hace muchas lunas. Hubo un tiempo en que me quedaba con ella recordando, inventando nuevos caminos en los que encontrarnos de nuevo, consolándola cuando lloraba, cantando a gritos las canciones que hablaban de él. Luego solo subía por las noches, hasta que se dormía. Le cantaba cuentos que contaban reencuentros... Y así yo podía olvidarlo de día, aunque lo recordaba de noche, con la niña que fui arrullada en mis brazos, sonriendo esperanzada. Le decía que algún día o alguna noche algún valiente guerrero vendría a rescatarla y que entonces yo no podría resistirme a hacerla feliz; pero mientras tanto tenerla a mi lado era como ser consciente a cada instante de que él no volvería. Era tiempo de curar las heridas del corazón. Ella se quedaba dormidita con la cara lavada por sus cálidas lágrimas y yo me preguntaba si no estaría equivocándome por no escucharla.